“El problema es que muchas veces se crea la infraestructura, pero no se hace una planeación de operación a largo plazo ni una selección eficiente de tecnologías que sean no sólo técnicamente viables, sino también económicas”.
Ante este panorama, sostuvo que el concepto de las plantas de tratamiento debe evolucionar. De hecho, “desde hace algunos años se ha venido cambiando. Hoy día se conocen más bien como centros de recuperación de recursos”.
El doctor en Ciencias Ambientales por la Universidad de Wageningen, en los Países Bajos, explicó que los digestores anaerobios reciben las heces porcinas para estabilizarlas y digerirlas. Posteriormente, el agua se envía a lagunas que reciben inyección de aire intermitente para eliminar los contaminantes remanentes.
Uno de los ejes centrales de la investigación es el llamado nexo agua-energía-alimentos, una relación que puede observarse en el tratamiento de las aguas residuales y otros residuos de las granjas porcinas.
Cervantes Carrillo explicó que una granja con capacidad para 6 mil cerdos puede aprovechar sus residuos mediante biodigestores adecuadamente diseñados. En uno de los casos analizados, se generan alrededor de 2 mil 300 metros cúbicos diarios de biogás, una mezcla de gases producida por la descomposición de materia orgánica en ausencia de oxígeno. Este puede utilizarse para generar electricidad, con una producción aproximada de 1.7 gigawatts-hora (GWh) al año en el caso descrito.
El proyecto que encabeza en Yucatán surgió, en buena medida, ante la necesidad de cumplir con una normativa más estricta. La nueva regulación exige a diversos sectores productivos mejorar la calidad de sus descargas, lo que plantea retos tecnológicos y financieros.
El investigador explicó que las primeras opciones disponibles procedían principalmente de firmas extranjeras, pero sus costos resultaban difíciles de asumir. Una de las soluciones fue desarrollar, desde la academia, la ingeniería necesaria para diseñar procesos que combinan tratamientos biológicos y fisicoquímicos.
Detalló que desarrolló proyectos ejecutivos para construir la infraestructura con una inversión más accesible. Los procesos combinan la acción de bacterias que degradan la materia orgánica con sistemas de coagulación y filtración para separar sólidos.
“Ya las primeras granjas están cumpliendo con la nueva norma de aplicación de tecnología e ingeniería desarrollada aquí en el Instituto”.
Para Cervantes Carrillo resulta esencial fortalecer la relación entre la Universidad y los sectores productivos.
“Muchas empresas pueden pensar que resolver sus problemas ambientales requiere inversiones imposibles, cuando hay opciones tecnológicas económicamente más viables y una buena asesoría desde la Universidad puede ayudar a seleccionar las tecnologías adecuadas”.
Finalmente, el experto destacó la importancia de transformar la manera en que la sociedad percibe el agua que ya utilizó: “tratar las aguas residuales no debe ser el final del ciclo, sino el inicio de una nueva oportunidad para aprovechar los recursos de manera más inteligente”.
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